El lunes 27 de octubre, el Papa León XIV, antes de la Misa con los estudiantes de las Universidades Pontificias, firmó la carta apostólica Diseñar nuevos mapas de esperanza, a 60 años de la declaración conciliar Gravissimum educationis de San Pablo VI.
En la homilía, que inaugura el Jubileo de la Educación, el Pontífice pide al Señor que la experiencia del estudio y la investigación universitaria les brinde una perspectiva renovada, les ayude a «ser capaces de hablar, relatar, explorar y proclamar las razones de la esperanza que nos habita» y les «forme para ser hombres y mujeres nunca egocéntricos, sino siempre de pie», capaces de llevar «la alegría y el consuelo del Evangelio» a todas partes. Y recuerda a las universidades que la educación es un verdadero acto de amor y que «saciar el hambre de verdad y sentido es una tarea necesaria, porque sin verdad y sentido auténtico, se puede caer en el vacío e incluso morir».
El Papa enfatiza que en estos meses, al celebrar el Jubileo, la Iglesia experimenta su «estar en camino», recordándose a sí misma su constante necesidad de conversión. Y espera que cada estudiante también vea el Año Santo como una oportunidad «para que su vida pueda comenzar de nuevo». Se dirige así a quienes trabajan en instituciones universitarias y están comprometidos con el estudio, la docencia y la investigación.
Quienes estudian, continúa el Papa León, «amplían sus horizontes» y son capaces de «mirar hacia arriba: hacia Dios, hacia los demás, hacia el misterio de la vida». Esta es la gracia «del estudiante, del investigador, del erudito»: una perspectiva amplia. La experiencia de la gracia, «que sana nuestros retiros», para el Pontífice, reside en acoger las cosas fundamentales de la vida «de los maestros, de los encuentros, de las experiencias vitales». Esta es una verdadera sanación, que nos permite mirar las cosas y la vida «con un horizonte más amplio».
El Papa aclara que esta perspectiva requiere espiritualidad, ayudada por el estudio de la teología y de la filosofía, porque hoy, lamentablemente, «nos hemos convertido en expertos en los detalles infinitesimales de la realidad, pero somos incapaces de recuperar una visión de conjunto».
Siguiendo el ejemplo de Agustín, Tomás de Aquino, Teresa de Ávila, Edith Stein y muchos otros, “que supieron integrar la investigación en su vida y en su camino espiritual”, León XIV nos llama a “llevar adelante el trabajo intelectual y la búsqueda de la verdad sin separarlos de la vida”.
El Pontífice insta entonces a las universidades a acoger el llamado a la «tarea educativa», porque quienes educan ayudan a otros, como Jesús con la mujer encorvada, a «ser ellos mismos y a desarrollar una conciencia autónoma y un pensamiento crítico». Este es un verdadero acto de amor.
El don más grande que cada uno de nosotros puede encontrar en este camino, concluye el Papa León, es “saber que no estamos solos y que pertenecemos a alguien”, ser hijos de Dios, como recuerda san Pablo a los romanos.
